Detecté, ya hace tiempo, mientras observaba a un empleado mendigo, que tenía ciertas diferencias con el resto. Diferencias en cuanto al objeto de mendicidad que perseguía. Este personaje no mendigaba trabajo, sino algo de verdad execrable: mendigaba apariencia. Pero vamos por partes a ver si consigo transmitir la imagen.

Este tipo de empleado aparece en la empresa un buen día en el que se necesita urgentemente cubrir un puesto, generalmente de mando intermedio, y hay que echar mano de alguien que, dentro de lo malo, es lo mejor que se puede encontrar. Así, y gracias a que el hotel funciona de forma más que aceptable, esté él o no (esto es importante), el empleado maniquí se va haciendo su hueco, casi sin querer, sin esfuerzo y a fuerza de costumbre. Pero, repito, es que el hotel funciona igual tanto si está este empleado como si no está. Esto es así porque los colaboradores (perdón, subordinados) que tiene son profesionales, trabajadores y, todo sea dicho, le sacan las castañas del fuego porque creen que es su obligación.
Bien, todos podríamos pensar que hasta aquí nada se sale de lo normal. Si este empleado dirige un area operativa del hotel, efectivamente los miembros de su equipo trabajan y sacan adelante el departamento, como operarios que son. Pero el trabajo que debería desarrollar este "jefe", que no es otro que organizar su departamento o area, formar a sus colaboradores, que para eso se le supone más docto en las tareas propias del mismo, transmitir su experiencia, aportar ideas frescas y mejorar día a día, brilla por su ausencia. Simplemente porque las cosas funcionan con él igual que sin él.
Pero pasan los meses, y los años y cada vez está más enraizado. Como no es un ejemplo de buen gestor y organizador, pero es bastante listo - que no inteligente - se agarra con uñas y dientes a dos o tres tareas relacionadas con asuntos delicados para la dirección o la propiedad, aportando grandes dosis de horadez y ganándose la confianza de las altas esferas. Si la propiedad y la dirección son desconfiadas, se acostumbran a que esta persona es de fiar, van aumentando la confianza en él de forma que, pasado un tiempo, no son capaces de sustituirlo por otro.





1 comentarios:
Rafael, en la asignatura de RRHH que realice en un máster de Dirección General recibimos una "master clase" por el director de RRHH de una GRAN multinacional y le pregunté precisamente por un caso real de personaje que se ajusta mucho al "maniquí" con antigüedad de más de 15 años y todos los problemas que puedas imaginarte. Su respuesta: despide a todo el que no reme en la dirección que lleva a cumplir los objetivos y la estrategia de la organización, no pienses en el coste que ahora supone despedirlo, piensa en el coste viral que genera ese tipo de individuos.
Que fácil no?
Salu2
Jordi
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